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Una tragedia ocultada

14/10/2013 0 Comments
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Libro de Massimo de Marchi, Miguel Ángel Cabodevilla y Milagros Agruirre.

A la ex ministra de ambiente, y luego asambleísta, le tocó el infortunio  de ser una de las primeras en negar lo evidente, pese a que ella tuvo en sus manos un Plan de Medidas Cautelares, construyó durante su mandato una Estación de Monitoreo en la Zona Intangible, y durante su paso por el Ministerio murieron tres personas con lanzas (2009). En la escena, en un lujoso hotel de la capital, un periodista atrevido le preguntó por los indígenas aislados del Yasuní. Ella respondía que son nómadas, que no se sabía dónde estaban. La prensa insistió:

– Pero… hace 140 días hubo una matanza…

Y ella respondió…

– Bueno, si a usted le consta, a mí no me consta. Yo no tengo evidencia de eso. 

Esta narración fue tomada tal cual del libro de Massimo De Marchi, Milagros Aguirre, y Miguel Ángel Cabodevilla. La funcionaria a quien no le consta la matanza es, sin duda, Marcela Aguiñaga. Como ella, el libro cita la penosa reacción de diferentes funcionarios que hicieron poco para evitar la masacre de indígenas ocultos (y ocultados, por este y todos los gobiernos precedentes). No sirvieron de nada las alertas de la vendetta que se vendría por parte de los waoranis, luego del lanceamiento de Ompure y Buganey (05 de marzo). Tampoco sirvieron de nada las pomposas reuniones con funcionarios de alto nivel para que, luego de la masacre, el hecho no quede en la impunidad (pese a que era vox populi quiénes fueron los autores). Las investigaciones tampoco avanzaron pese a la evidencia que se vendía al mejor postor (fotografías de la matanza) y el secuestro de dos niñas taromemani.

Esta crónica, que tiene visos de investigación periodística, llena el silencio (tal vez interesado) que se impone desde el régimen. Se ha reducido, claramente, a un tema policial, bajo la nomenclatura de supuesta masacre. Queda mal parada, sobre todo, la Fiscalía de la Nación, las autoridades judiciales de la provincia, y se suman, algunos Ministerios del Ejecutivo (como el Ministerio de Interior y el Ministerio de Justicia, por citar). Leer las páginas del libro, en particular, deja fuertes sentimientos de indignación e impotencia.

¿Qué corresponde hacer luego de semejantes revelaciones? Primero, que los medios de comunicación (públicos, privados o comunitarios) sigan las pistas evidenciadas por los autores del libro (que las hay y con documentos). Segundo, que la Asamblea Nacional asuma su rol de fiscalización. De no hacerlo, se evidenciaría aún más que el interés desde el Estado (y en particular del gobierno de turno) es no afectar el aprovechamiento de los recursos (explotación petrolera). Recordemos que para la aprobación de la declaratoria de interés del bloque 31 y 43 en el Parque Nacional Yasuní, diferentes legisladores han afirmado, en el Pleno y en diversos medios, que no hay evidencia de pueblos no contactados en la zona. Se aprobó, inclusive, una redacción que en caso de avistamiento de pueblos en aislamiento voluntario se paralizará la explotación, temporalmente, hasta que se defina un protocolo de conducta. Sin embargo, a la luz del texto, cabe preguntarse, si el Plan de Medidas Cautelares fracasó, ¿servirá de algo un protocolo de conducta en caso de avistamiento? Será una medida pasajera, permitiendo que se alimente la espiral de violencia contra los pueblos ocultos que sienten afectados sus territorios.

Me pregunto, además, qué tan viable puede ser una consulta popular para pedir la no explotación del Yasuní. La sana iniciativa planteada desde colectivos juveniles y ecologistas, que apoyé, me salta una justificada inquietud, ¿una mayoritaria sociedad ecuatoriana decidirá la suerte territorial de un grupo diezmado de ocultos?

Finalmente, les comparto esta línea de tiempo que se apoya, principalmente, en el libro “Una tragedia ocultada”. Los hechos de agosto, setiembre y octubre no figuran en el libro. Sin embargo, lo señalo ya que fueron temas coyunturales que tuvieron que ver, quiérase o no, con los territorios de los pueblos ocultos (y ocultados por éste y todos los gobiernos precedentes).

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